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La mejor manera de que tus eventos dejen huella

“Quiero dejar mi marca en el Universo”. Esta es una de las muchas citas que nos regaló Steve Jobs, una de las personas más innovadoras que el mundo ha conocido.

Y quizá ahora mismo estés pensando que muy bien por él, pero que tú lo que quieres es planear una conferencia y no crear el próximo Apple.

Aun así, lo cierto es que también quieres dejar tu marca, quizá no en el Universo, pero sí en las mentes y corazones de los asistentes a tus eventos. Y lo mejor que puede hacer uno para conseguirlo es olvidarse de lo que están haciendo sus competidores y poner en marcha su vena más creativa.

En su libro Estrategia del océano azul, Renee Mauborgne afirma que las empresas necesitan ir más allá de la mera mejora de sus productos y servicios. Necesitan crear nuevos mercados y oportunidades, haciendo así que la competencia sea irrelevante.

Su consejo, formulado a comienzos de los 90, cobra hoy en día más sentido que nunca: estamos en un momento en que confluyen una competencia feroz y una economía de experiencias. Una encuesta realizada por el sitio de ventas de tickets Eventbrite en 2017 concluyó que tres de cada cuatro millennials en los Estados Unidos prefieren gastar su dinero en experiencias en lugar de en cosas materiales.

Por otro lado, nos movemos en entornos despiadados, y para destacar en ellos es necesario desprenderse de las formas de hacer más corporativas y dejarse inspirar por otras industrias.

Atrévete a experimentar

Olvídate del calendario de Outlook y juega con la espontaneidad. Una empresa de cines de Londres, por ejemplo, organiza acciones participativas e incluyentes en las que los asistentes han de ir disfrazados de acuerdo con un tema concreto. Además, el lugar elegido para el evento suele llenarse de actores. Y para dar más emoción aún al evento, todo es secreto hasta el momento final.

Obviamente no queremos asustar a nuestros asistentes y que se pongan a imaginar escenas tipo Eyes Wide Shut. Pero siempre podemos añadir algo de misterio a nuestro evento, manteniendo por ejemplo el escenario elegido en secreto.

El momento de las presentaciones

Todos hemos pasado por ello. Llegas a un evento, y como no conoces a nadie te quedas allí plantado un rato, mirando de reojo las etiquetas con el nombre del resto de asistentes, para al final presentarte a alguien de la forma menos afortunada.

¿De verdad no hay una manera mejor de animar a unos desconocidos a interactuar entre sí?

El responsable de un taller creativo utiliza la siguiente solución: divide a los participantes en dos filas y las coloca enfrentadas. Luego invita a los integrantes de una fila a emparejarse con alguien de la fila contraria, teniendo en cuenta que han de elegir aquella persona que menos les ha llamado la atención.

Cada pareja de participantes se sienta y pasa siete minutos examinándose mutuamente sin poder romper el contacto visual. Después de este ejercicio, cada uno de los integrantes describe en un minuto lo que le ha parecido la experiencia. Una presentación de esta intensidad permite a los asistentes pasar del contacto superficial y encontrar una conexión a través de la comunicación no verbal.

Los regalos corporativos

¿Cuántas memorias USB con el logo de una empresa necesita una persona? Aunque casi es mejor recibir otra que acabar con un termómetro rectal con logotipo en la mano, como les ocurrió a los doctores que acudieron a una conferencia médica.

Por eso, lo más conveniente es regalar algo útil o bonito que nuestros asistentes quieran conservar. Una buena idea es fijarnos en los típicos detalles de boda o endulzar su estancia con un pequeño ramo de flores personalizado, donuts glaseados con los colores corporativos o un fotomatón con elementos de atrezo.

Al final, no se trata tanto de lo que está haciendo la competencia, sino de desafiarse a sí mismo y atreverse a crear un evento inolvidable.

Paul Stoddart, Managing Director, Reino Unido e Irlanda y Benelux, CWT Meetings & Events